miércoles, 18 de diciembre de 2013

AMERICAN STUDIES ASSOCIATION BACKS BOYCOTT OF ISRAELI EDUCATIONAL INSTITUTIONS

A prestigious US academic body has joined a growing movement to boycott Israel in protest at its treatment of Palestinians, in a move both welcomed and condemned in a bitterly divisive international arena.
The American Studies Association (ASA), which has more than 5,000 members, is the most significant US academic organisation to back a boycott of Israeli educational institutions following a two-thirds majority vote. Around a quarter of members took part in the ballot.
The ASA resolution was "in solidarity with scholars and students deprived of their academic freedom", the organisation said in a statement. It cited "Israel's violation of international law and UN resolutions; the documented impact of the Israeli occupation on Palestinian scholars and students; [and] the extent to which Israeli institutions of higher education are a party to state policies that violate human rights."
The resolution bans "formal collaborations with Israeli academic institutions, or with scholars who are expressly serving as representatives or ambassadors of those institutions".
The vote came amid renewed calls in the aftermath of Nelson Mandela's death for an international boycott drive against Israel similar to the anti-apartheid campaign.
Last week the major Dutch drinking water firm Vitens announced that it was severing commercial links, including joint projects agreed just weeks earlier, with Israel's national water company, Mekorot, in protest at its activities in Israeli settlements in the West Bank. "The company concluded that it would be very difficult to develop joint ventures together, considering the fact that they cannot be seen as divorced from their political context. We follow international law," Vitens said in a statement.
At the same time, the UK government issued an explicit warning to British businesses over the risks of involvement in Israeli settlements in the West Bank, including potential damage to a company's reputation. There were "clear risks related to economic and financial activities in the settlements, and we do not encourage or offer support to such activity," it said.
Earlier this year, the EU established new guidelines that prohibit giving funds, grants, prizes or scholarships to Israeli bodies with links to settlements in the West Bank, including East Jerusalem, prompting a furious response by the Israeli government.
The Palestinian president, Mahmoud Abbas, drew a distinction last week between boycotting products and companies connected to settlements and a more widespread boycott of Israeli institutions and goods. "We do not ask anyone to boycott Israel itself," he said in South Africa. "We have relations with Israel, we have mutual recognition of Israel." But, he added, "we ask everyone to boycott the products of the settlements".
The ASA move, which is not binding on its members, drew angry responses from Israeli ministers. "This is an unworthy act that does not dignify the association," said the science minister, Yaakov Peri. "To our regret, in the recent past we have seen numerous examples of the mixing of politics with science, and we are acting to eradicate those phenomena."
Avi Wortzman, the deputy education minister, also condemned the decision. He said: "This is a disgraceful attempt to meddle in the internal policies of the state of Israel under the guise of an academic debate and equal rights supposedly. The state of Israel grants all of its citizens an equal opportunity in the academic world and encourages the integration of minorities in academia."
Ronald Lauder, the president of the World Jewish Congress, said: "This vote to boycott Israel, one of the most democratic and academically free nations on the globe, shows the Orwellian antisemitism and moral bankruptcy of the ASA." The association was deeply biased and disconnected with reality, he added.
The Palestinian Campaign for the Academic and Cultural Boycott of Israel hailed the ASA's "refusal to be intimidated by the persistent efforts of defenders of Israel's regime of occupation, colonisation and apartheid". The move was "a significant step in the direction of holding Israeli institutions accountable for their collusion", it added.
The US-based Jewish Voice for Peace also welcomed the ASA's move, saying it represented a "significant milestone in the growth of the BDS [boycott, divestment and sanctions] movement in the United States". Boycotts to pressure Israel to abide by international law were not inherently antisemitic, it said.
The American Association of University Professors, which has 48,000 members, has rejected calls for a boycott of Israeli institutions. In the UK, the University and College Union supports one.
Earlier this year, the boycott movement claimed a major victory when Stephen Hawking pulled out of a conference in Israel in protest at its treatment of Palestinians.
Other British personalities who have declined invitations to visit Israel include Elvis Costello, Roger Waters, Brian Eno, Annie Lennox and Mike Leigh. Many others, however, including the author Ian McEwan, have resisted pressure to join the boycott on the grounds that it is ineffective or misguided.

Source: http://www.theguardian.com/world/2013/dec/17/us-american-studies-association-boycott-israel

martes, 17 de diciembre de 2013

El Estado es un instrumento de guerra": Elliot Sperber en la FIL

Palabras de Malú Huacuja del Toro en la XXVII Feria del Libro de Guadalajara (1ª. de 3 partes), 8 dic. 2013.ENGLISH VERSION

Es una alegría inmensa para mí estar aquí por primera vez invitada a esta feria y yo sé que eso se debe sobre todo al extraordinario y valeroso Fernando Valdés, director de Plaza y Valdés Editores y a un ángel terrenal (que no celestial), un ángel judío llamado Mauricio Achar, fundador de Librerías Gandhi. Es por él que llegué aquí volando sobre un mar de dificultades de orden práctico y político, porque este año está la feria dedicada a la cultura judía en todo su esplendor, que es el del espíritu de las ideas. Esplendor que se preserva tanto más por los apóstatas del judaísmo como Woody Allen, o como Mauricio Achar. Al fundador de la cadena de librerías más próspera de Latinoamérica le debo estar aquí y por ello traigo un mensaje que a Mauricio le habría dado mucho orgullo que yo leyera este día que concluye la Feria del Libro de Guadalajara, y que no me habría perdonado no transmitirles a ustedes, puesto que radico en Nueva York, una ciudad casi predominantemente judía y que casi por ello es también tan plural. Son en gran parte los intelectuales judíos de Nueva York quienes engrandecen la riqueza cultural y democrática de Estados Unidos, si es que eso es posible decir de un país tan poco democrático a pesar de su propaganda. Lo que no entendemos en México es que, así como en Estados Unidos a nosotros se nos reduce a un estereotipo muy alejado de la realidad al presentarnos con un sombrero de mariachi o con unas pistolas de narcotraficantes, nosotros desfiguramos a los judíos al describirlos a todos como un cliché de la colonia Polanco en la ciudad de México, cuando de empresarios se trata, o como a un ultraconservador académico que pregona en las universidades estadounidenses la desigualdad social y la injusticia como única forma de progreso,  cuando de intelectuales se trata. Es por ello que, antes que nada, quiero presentarles una parte de Nueva York que no aparece en su versión comercial, y de la cultura judía, a través de las palabras de un destacado intelectual judío contemporáneo, filósofo y abogado, Elliot Sperber:
Queridos vecinos:
Espero que no encuentren impertinente que, aunque nunca nos hayamos visto, me dirija a ustedes como vecinos. Aunque no nos conocemos, el hecho es que —especialmente a luz de las telecomunicaciones instantáneas y con la facilidad de viajar que ha encogido el tamaño del mundo en las últimas décadas— todos en este planeta somos vecinos. Así que quisiera no sólo dirigirme a todos ustedes como vecinos, y pensarlos como vecinos, sino también vivir con ustedes como vecinos.
Es para mí un profundo honor formar parte, aunque sea de modo marginal, de la XXVII Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Cuando Malú me preguntó si escribiría algo (para abordar, en particular, la controversia que rodea al huésped de este año, el Estado de Israel), mi reacción inicial fue: “No. De ninguna manera: no”. Aunque he vivido en Israel y fui a la escuela en Israel, y trabajé por un breve tiempo en Israel en un kibutz —una granja comunal—, y aunque es mucho lo que siento respecto a la injusticia por la continua ocupación de Palestina, entre otros aspectos de la agresividad general del Estado de Israel, mi reacción inicial fue que lo mejor sería guardar silencio. ¿Para qué enredarme en una controversia tan candente y compleja? Además, ciertamente hay gente más calificada que yo para hablar sobre el tema… Como los israelíes, quizás. No, gracias. Además, es una feria de libros: un evento cultural. ¿Para qué arrastrar la política en ello?
Después de una posterior reflexión, se me ocurrió no obstante que, aunque las ferias internacionales de libros prometen erradicar las diferencias nacionales, hacer desaparecer las fronteras y abarcar una importante dimensión de la comunidad del mundo en desarrollo, en la medida en que las ferias internacionales de libros distinguen a grupos de gente con base en su afiliación nacional (a diferencia de contemplarlos meramente como asociaciones culturales o lingüísticas), y como las naciones son en rigor instituciones políticas, una feria internacional de libros es manifiestamente un evento político. Como evento político, es un foro enteramente apropiado para plantear importantes asuntos políticos internacionales. Es en este contexto como me acordé de la legendaria observación del escritor Miguel de Unamuno, de que “a veces, el silencio es la peor mentira”.   
Además de sus otras dimensiones, la observación de Unamuno muestra una analogía con el concepto jurídico de omisión criminal, que sustenta que los crímenes no solamente son cometidos por acciones. Además de las acciones, los crímenes también pueden ser cometidos por omisiones: cuando la gente no actúa. Y parece difícil negar que sería un crimen singular de conciencia rendir homenaje al Estado de Israel como huésped sin llamar la atención del hecho (y esto no debe en absoluto desdeñar a los merecidamente celebrados escritores provenientes de Israel) que el Estado de Israel, como entidad política, jamás viaja solo. Donde quiera que Israel viaja, es acompañado por su prisionero: el pueblo palestino. Pues los dos no solamente están encadenados físicamente, territorialmente, sino que también están encadenados moralmente. Y aunque estas cadenas son una tragedia para ambas partes, en su calidad de más poderoso —como el carcelero, no el encarcelado— es Israel quien tiene la llave de la cerradura. Pero también, como el más poderoso exponencialmente, es Israel quien posee la llave para la paz.
Y como llegaron juntos —encadenados juntos—, además de rendir tributo a Israel como huésped, debemos también honrar a los palestinos, pues ellos están aquí también. Y su lucha no puede ser ignorada.
Aunque puede sonar peculiar afirmarlo  —a la luz de lo que acabo de decir—, difícilmente podría encontrarse una elección más apropiada para invitado de honor que el Estado de Israel para una feria internacional de libros. Esto, no porque el pueblo judío es conocido como am hasefer: el pueblo del libro.
Aunque las personas judías son ciertamente conocidas por esta definición honorífica, debemos tener cuidado con no combinar la rica herencia cultural del judaísmo con la entidad política que es el Estado de Israel. Aunque están decididamente relacionados, son distintos: tan distintos como cualquier estructura política lo es de una cultural y social. Una persona de la fe judía no es necesariamente un israelí. Y un israelí no es necesariamente judío. En efecto, tal como recientemente asentó el celebrado escritor y activista israelí Uri Avnery, “los israelíes judíos son ya una minoría en el país gobernado por Israel”.
Y aunque muchísimos judíos sean ardientes partidarios de las políticas del Estado de Israel, tanto en Israel como por todo el mundo hay también muchísimos que son críticos feroces.
Aunque la bandera israelí tiene el emblema de la mogen de David, es decir la estrella de David o estrella judía, esto no debe llevar a inferir que las políticas del Estado de Israel representan las del pueblo  judío; no más de lo que todas las naciones del mundo que tienen una cruz en su bandera representan las opiniones políticas de los cristianos, ni de lo que las políticas de cualquier estado con una bandera que tenga una luna creciente representan los pensamientos políticos del pueblo musulmán de todo el mundo. Al igual que ocurre con todo grupo humano, las personas judías somos tremendamente heterogéneas. Y aunque todos sabemos esto, cabe repetir que todos nosotros debemos tener el cuidado de resistir el impulso racista gravitacional prevaleciente que nos conduce a pensar en un pueblo, cualquier pueblo, según estereotipos.
Pero, no obstante esta distinción de la diferencia entre el pueblo del libro y el Estado de Israel, se puede sostener que Israel es un huésped singularmente apto para una feria internacional del libro. Puesto que el libro por excelencia  —no sólo cualquier libro, vaya, El Libro: la Biblia— fue originado en la antigua tierra de Israel, es más que apropiado celebrar a Israel en un festival que da reconocimiento a los libros. Más aún, porque, además de los libros, una feria internacional de libros necesita naciones, es también apropiado rendir tributo a Israel. Esto es así porque, siendo el lugar de nacimiento de la quintaesencia del libro, el Estado de Israel en muchos sentidos ejemplifica lo que es un Estado-Nación. Puesto que un Estado-Nación es un instrumento de guerra.
El Estado de Israel es solamente singular en el grado en que su agresión no sólo es ampliamente reconocida, sino que es casi mundialmente vilipendiada. Aunque a menudo es vista como excepcional, la violencia de Israel debería en cambio ser reconocida no como una cierta excepción sino como la violencia que caracteriza la regla del Estado en general: la regla general de ser Estado.
El Estado es un instrumento de guerra, y no solamente contra sus estados rivales. Cada Estado es también un instrumento de guerra contra su propia gente. Aquellos que atestiguaron la reciente represión del Estado mexicano contra la protesta magisterial en la ciudad de México, o quienes presenciaron la represión contra el movimiento Occupy en Estados Unidos, o quienes atestiguaron la violencia que recibe cualquier otro movimiento de protesta popular de su respectivo Estado no pueden negar esta simple verdad: eso es lo que constituye un Estado. El Estado es un instrumento de guerra.
Y en la medida en que tal sea el caso, los palestinos son solamente la parte más visible de las víctimas del Estado de Israel. Además del pueblo palestino, que valientemente ha resistido la agresión israelí durante décadas, la gente pobre de Israel, las clases obreras de Israel, los inmigrantes de Israel, entre otros —como por ejemplo los cientos de miles de israelíes involucrados en continuas demandas de justicia social—, son también víctimas de la guerra.
Porque no olvidemos que de esto es de lo que hablamos cuando hablamos de Estado. El Estado no solamente es una institución conformada por cuerpos militares y definida por fronteras bien resguardadas. También está conformado por un gobierno, por leyes y tribunales y administradores. Y estas leyes y tribunales y cuerpos administrativos no funcionan para crear las condiciones de justicia y paz. Si lo hacen eso es incidental respecto a su  propósito principal, que es mantener el Orden. Esto es, mantienen un tipo de Orden en particular, el Orden que está en este preciso instante, canibalizando el mundo. El pueblo, la gente, nosotros todos, somos vistos como una población, como un recurso natural que debe ser manejado conforme los intereses del Estado. Cuando se hace justicia —si es que la hay— siempre llega como excepción y ruptura de ese Orden.
En este punto se puede observar que mis comentarios quizás no constituyan una forma enteramente respetuosa de tratar o de rendir tributo a un huésped. Pero no olvidemos que no me estoy dirigiendo al Estado de Israel —ni a nadie aquí en todo caso— como un huésped. Tal como antes mencioné, me estoy dirigiendo a todos nosotros como vecinos: como vecinos del planeta que todos compartimos. O más bien, como vecinos del planeta que no todos compartimos: vecinos del planeta que algunos de nosotros poseemos y sobre el que tomamos decisiones, y que gobernamos, y que minamos, y que bombardeamos vía varios estados: todos los estados representados aquí, bajo todas estas banderas, contrariamente a cualquier proclamación democrática que de vez en vez éstas apoyen.
Y henos aquí. Estamos aquí, simultáneamente determinados por esos estados y, al mismo tiempo, con las llaves de nuestra propia liberación. Pues precisamente en la medida en que hacemos abstracciones y leyes que el Estado encarna mediante nuestra cooperación y participación, también tenemos el potencial para hacer desaparecer al Estado mediante la no participación: eliminar al Estado, lo mismo que muchos estados han hecho con tantos de nosotros.
Mezclados en este mundo de estados —este mundo de fuerza, por supuesto— no olvidemos que estamos rodeados de este otro mundo: el mundo de las ideas; el mundo de los libros. Es la razón por la que realmente estamos todos aquí. Eso es lo que verdaderamente nos une: hacer un reconocimiento a los libros, al lenguaje, a las historias y las ideas. Por supuesto, no debemos incurrir en el simplístico error de que todos los libros son buenos. Los libros pueden tener muchos usos. Como los ladrillos, los libros pueden justificar monstruosidades. Trágicamente, la historia está repleta de esos libros.
Del mismo modo, las ideas en los libros nos pueden llevar más allá de nuestras barbaridades nacionales particulares. Entre otros lugares, los libros nos pueden conducir al reconocimiento y al respeto de la verdad de nuestra patente interdependencia humana al enigma universal que todos compartimos.
Más allá de nuestras diferencias nacionales, culturales, religiosas y de clase, los libros nos pueden conducir al reconocimiento del hecho de que, aunque quizás seamos extraños, todos somos también vecinos. Y que, como tales, como vecinos, estamos todos sujetos al deber del vecino: ayudarse unos a otros; el deber de cuidar unos de otros como vecinos. Ésta es la obligación del vecino. Y como todos somos vecinos, este deber a su vez inexorablemente nos conduce al deber de desmantelar nuestros estados, todos nuestros estados, y de desmantelar nuestros ejércitos todo; no sólo desmantelar nuestras fronteras, sino compartir y respetar la gran riqueza de este planeta, como vecinos, y en paz.

Gracias.

Elliot Sperber.   


                                                       (Continuará.)

martes, 3 de diciembre de 2013

Sobre Antorcha Campesina


ANTORCHA CAMPESINA ANTECEDENTES
Hace 38 años, bajo un movimiento de restructuración educativa Aquiles Córdova Morán emprendió una lucha por los derechos universitarios.  Apoyando el Proyecto Universidad Autónoma de Chapingo (Proyecto U.A.Ch.), se logró que la Cámara de Diputados aprobara y  publicara la Ley Orgánica de la Universidad Autónoma Chapingo en el Diario Oficial de la Federación el 31 de diciembre de 1974
Esta victoria no fue del todo satisfactoria, aspirando a ocupar el cargo de rector y, en consecuencia, tener el control sobre la Universidad se desató una campaña en contra del grupo que encabezaba la lucha, y a pesar de que éste ganó un plebiscito su permanencia en la universidad se vio terminada finalmente al ser expulsado  con la entrada del Ejército.  Esta derrota no mermo el interés de este personaje por perfilarse dentro de la política del país. En palabras de Aquiles el siguiente paso en su organización sería el partido político. “En aquellos años, el grupo encabezado por el ingeniero Córdova Morán detectó los problemas que presentaba el socialismo clásico: Eso nos lleva a replantear nuestra ideología, nuestra manera de ver las cosas y, antes de que cayera el socialismo en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), habíamos llegado a la conclusión de que debíamos cambiar la ruta, que debíamos convertirnos en un movimiento político más adaptado a la situación nacional, que teníamos que elaborar un programa nacionalista a favor de los grupos más necesitados del pueblo mexicano y que encauzara la lucha de manera constructiva. En fin, teníamos que convertirnos en un grupo que realmente organizara a la gente para que mejorara su suerte, pero hoy, no dentro de muchos años, menciona el ingeniero Aquiles Córdova.
 Fundando así la organización Antorcha Campesina, como respuesta para ayudar al pueblo en la oscuridad y alumbrar a los campesinos en el camino oscuro en el que viven. Preponiéndose ser ellos quienes “alumbren al pueblo en el camino del progreso, el trabajo y  el bienestar de México” ayudando en el campo a elevar el nivel de vida de los campesinos.

EL BRAZO OCULTO DEL PRI
A lo largo de los años Antorcha Campesina creció superando cualquier expectativa; el portal oficial resalta la presencia en 20 estados con 200 mil seguidores y su gran trabajo por la labor social.
Aunque lo que puede ser cierto después de mi investigación, es que el papel principal de la familia Córdova Moran va mucho más lejos de la defensa de los campesinos.
En este  periodo cuatro familiares de ellos rindieron protesta como diputados federales. Acumulando así tantos bienes materiales y empresas que es difícil cuantificar la fortuna económica del líder nacional y su familia regada en 20 estados del país.
 Entre antorchitas se dice que tienen una riqueza inexplicable que comprende una cadena de gasolineras y otros negocios.
Antorcha está siempre presente en problemas de carácter social.
Su manera de atraer a las personas es llegar a las comunidades marginadas, prestar sus servicios para resolver un problema como la falta de agua o luz por dar solo un ejemplo. Una vez que los involucrados vieron los resultados, antorcha se vale de este agradecimiento y exaltación para invitarlos a formar parte de ellos y de esa manera resolver todos los problemas de su comunidad, a cambio de formar parte de las filas y participar en todas las actividades.
Repitiendo el modelo de un partido político disfrazado de organización social.
En el Iztapalapa, Netzahualcóyotl, área metropolitana y Estado de México es donde se encuentra la mayor concentración de actividad Antorchista. Es curioso cuando se comienza a investigar sobre ello y se descubre el gran impacto que tienen los sectores que mueve la organización en lugares con un déficit en servicios y movimientos económicos formales.  Hay un dicho que dice “separa al grupo y vencerás” y sin duda, Córdova Morán encontró el secreto de la complicidad de funcionarios de los tres niveles de Gobierno para obtener de Pemex 30 concesiones de gasolineras, terrenos para construir viviendas y hoteles; a cambio de proporcionar votos para el PRI. Nada de eso se menciona en su historia oficial. Antorcha existe gracias a un convenio entre el gobierno y sus dirigentes, en donde ellos ganas subsidios a cambio de ser un grupo de choque para los experimentos del estado y un banco de votos asegurado para el mejor postor. 
¿Cuál el sentido de permitir operar a un grupo de esta naturaleza?
La economía necesita de la crisis, pues en un escenario de estabilidad no puede expandirse el mercado, siendo esta la causa de la necesidad por grupos como este, que lucran de las necesidades básicas de sus agremiados. Quienes trabajan sin un sueldo por la promesa de una vivienda, servicios públicos, educación y derecho a las tierras de cultivo. Todo esto a cambio de prestar su total presencia para la organización, en trabajos que van desde hacer campamentos en predios en litigio para expropiarlos y construir viviendas, hacer marchas a favor de candidatos específicos, recolectar fondos con eventos culturales, hacer labor de reclutamiento para la Antorcha, presentarse para lograr una gran mitin, etc.
Un ejemplo de este modo de trabajar lo conocí de manera indirecta por un familiar que  participo en varios mítines y en la ocupación de un predio justo a fuera de la estación de metro Rosario, antiguamente este lugar fue bodega de Liconsa, pero con el tiempo las bodegas quedaron vacías y Antorcha gracias a su línea directa con los gobernadores obtuvo conocimiento del estado del predio, comenzó una campaña de marketing entre sus afiliados; en donde  se les prometió la construcción de un fraccionamiento en el cual el precio sería insólito y muy aforable para los bolsillos de sus afiliados. 
Esto se convirtió en una lucha que duro 15 años, en los que estuvieron a merced de la organización, sin poder desocupar el predio por miedo a perder su lugar en la lista, familias completas vivieron por 15 años en bodegas sin ningún servicio.
 Su larga faena por fin llego a su fin y por contacto de este familiar una pareja amigos suyos  me permitieron platicar con ellos y conocer de cerca el funcionamiento de la antorcha.
El registro fue nulo pues a pesar de haber transcurrido ya un año desde la entrega de su departamento, aún todo es muy incierto pues a pesar de que han pagado su cuota casi en su totalidad (aproximadamente 75 mil pesos por un departamento de 56m2, increíble si se compara con otros desarrollos), las escrituras no les han sido entregadas y solo cuentan con copias del recibo que pagan a su dirigente local.  Así sin más, no conocen el destino de ese dinero ni la constructora que creó el fraccionamiento. Sobra decir lo precario de su estabilidad.
La plática se centro en datos que había recopilado como por ejemplo la gravedad de las denuncias que ex miembros de antorcha habían realizado, después de recibir amenazas por su deserción,  la cantidad de negocios en manos de los dirigentes, o el convenio implícito entre Antorcha y el PRI que es ilógico desde el oficial que Antorcha propone en su página de estar en contra de la privatización y velar por el pueblo. A todas estas preguntas las respuestas fueron muy escuetas pues me explicaron que los dirigentes no les informan de nada de eso pues ellos se enfocan en el trabajo que les requiere su propia meta personal.
 Esto me hizo dar cuenta que Antorcha no es una organización en donde la gente sienta empatía por los valores perseguidos; al contrario su modelo se parece a un partido político en donde cada quien vela por sus intereses y se cumplirán todas las peticiones siempre esperando que gracias a ese apoyo en algún momento toque recibir el apoyo necesario. Un proyecto político invasivo escondido en una organización social que despilfarra dinero, trabajo y en el cual asoman las evidencias de corrupción y resguardo de los mismos intereses económicos que el gobierno procura. Un trabajo que ayuda a la división de las esferas sociales e incide en las desigualdades, lo triste es ver a la gente ponerse al servicio de los mismos poderes facticos que atentan en contra de sus derechos.
Hoy es un fantasma el progreso que perseguimos, uno que provoca frustración y separa cada vez más la brecha entre pobres y los cada vez más pobres, en un país que se prepara para ser de nuevo la epitome de la industria maquiladora y de servicios.
Olvidando que es capaz de ser autónomo.

 María Helena Ramírez Ortega





domingo, 1 de diciembre de 2013

BARELY AUDIBLE WHISPER ABOUT ISRAEL BEING THE GUEST OF HONOR AT GUADALAJARA’S 2013 INTERNATIONAL BOOK FAIR


The Israeli-Palestinian conflict represents at the beginning of the 21st Century the paradigm of the politization of forgiveness, of the humanitarization of ethnic conflict, of the instrumentalization of culture as a tool for solving conflicts, pacifying violence, rebuilding the social tissue, etc. Gaza and the West Bank are laboratories of war technologies, systematic urbicide, security and protest control, which Israel exports to the rest of the world – including to Mexico. Mexico and Israel have in common a vast record of human rights violations that remain unpunished; Israel’s include dispossession, expulsion, oppression, siege, tyranny of incertitude, land and vital resources theft, psychogical torture, surveillance, continuous control and limitations of movement of the Palestinian people. The Palestinians’ Nakba (or catastrophe) did not only occur in 1948 with the creation of the State of Israel, but it is ongoing. Along with the endless and futile peace process – the Palestinian negotiation team quit two weeks ago on the grounds of the “unprecedented increase of colonization and oppression against Palestine and the Palestinian people,” – Israeli impunity is due to the exceptionality for which the State of Israel lobbies across the world. To make another analogy between Mexico and Israel, we could mention two incidents that occurred in Mexico in the past month, which are worthy of any apartheid state: first, the expulsion of two young doctoral students and indigenous women, who wanted to eat at a French bakery shop in San Cristóbal, Chiapas (allegedly the owner mistook them for beggars). Second, Aeromexico prevented seven indigenous men from Oaxaca from boarding a national flight. Taking these parallels into account, it makes sense that the Mexican government would entertain Israel as a special guest to Guadalajara’s 2013 International Book Fair. If we consider that a week before inaugurating the Fair, Shimon Peres will head a delegation of eighty representatives of Israeli corporations for an Israel-Mexico business encounter in Mexico City, the Fair reveals itself as part of a diplomatic machinery geared at reaffirming the links between the countries. The visit of the Israeli business men’s delegation will include an audience with President Enrique Peña Nieto and telecommunications tycoon Carlos Slim, before whom they will present a range of possibilities of cooperation between the nations and the companies; amongst them: in the fields of security, internet, military technology (drones), banking, water and energy. With this visit – aside from strengthening business ties – Israel seeks to present itself as a country beyond the Middle East conflict, as a harbinger of technology and entrepreneurship. In this context, it becomes clear that culture plays a key role: in order to cultivate an image as a liberal and democratic country, Israel tries to better and to feed its image through cultural events.
            Protests against the presence of Israel in the International Book Fair, – to denounce its gradual destruction of Palestinians, its expansionist and colonial politics – however, differently than in other parts of the world, have been almost imperceptible. For instance, when in 2007 it was announced that Israel would be the guest of honor at the Turin Book Fair, a wave of protests emerged immediately in Italy, and many personalities supported the call for boycott made by Arab writer’s associations. On October 27th, in the section El correo ilustrado of the Mexican newspaper La Jornada, appeared a fragment of a release titled: “About Israel as a Special Guest at Guadalajara’s Book Fair.” The signatories (most of them academics in Mexico), wanted to “highlight the necessity of having the history of Israel very present as well as considering the fact that its creation provoked the tragedy of the Palestinian people, condemned to exile.” They manifested their wish that during the Fair – to which some of them will be guests and panelists – what happened to the Palestinian people is remembered, as they evoke the history of the creation of Israel, its Zionist origins and they underline the “confessional and ethnic character” of a “Fundamentalist Jewish” State formally dressed as a Western democracy. The cosigners further propose “real peace” in the hands of civil society – amongst them thinkers, writers and creators. In sum, in the release they ask Mexico to recognize both States and that Palestine be a guest to the Fair in 2015. Debatably, this approach to armed conflict, occupation and continuous dispossession as a matter of cultural dialogue in the hands of civil society, validating an event that promotes the State of Israel, obviating parallelisms with Mexico, passes as a mere formal gesture to alleviate consciences. The call for equal representation and recognition of Palestine could be framed within a conception of culture with redemptive potential. We are looking at the world as it is, and we act as if we could change it, knowing that it is not enough. And yet, most of the Mexican literati, followed the official line and chose to ignore the conflict in the Middle East represented by Israel, and to profit from the meetings, networking, publishing contracts, lectures and book presentations offered by the Book Fair. This is perhaps why ‘culture’ has become an ensemble of discourses that always end up on the side of power and capital; from this point of view, to press for ‘the right thing being done,’ and for ‘saying the truth,’ are still obviating that the system is broken, that political processes are not in the hands of the people but in the hands of very few. And although at least a small sector of the Mexican intelligentsia submitted a release that has had minimal transcendence, the political and financial class in Mexico and Israel that will gather before the Book Fair begins (those who represent the interests of the 1%) no longer feel the need to justify what they do to generate profits. This is why culture is administered by cultural producers who are part of a compensatory mechanism of neoliberal dispossession and devastation. In this context, culture is the supplement of a business meeting that represents the interests of the oligarchy at the global level. This is further underlined by the fact that during the Book Fair, round tables will be devoted to the topics of: national security, public security, challenges and perspectives on teaching security in both countries, as well as the “Police Single Command Model in Mexico,” presided by members of the army and retired officers, academics, counterterrorism specialists, security experts from Mexico and Israel.

            Visible action? From its inception in 2005, the Boycott Divestment and Sanctions Campaign (or BDS), a call to boycott Israel, has served as a tool to strengthen civilian resistance against Israeli occupation; it is addressed to Israeli companies and products, as well as to cultural and academic institutions in Israel, who directly contribute to maintain, defend and hide the oppression of the Palestinians. Where is the call to boycott Israel’s presence as a guest of honor at the Guadalajara International Book Fair? Having Israel as a special guest at the Book Fair is an explicit politics of complicity with Israeli occupation: the participants are ambassadors of Israel, assistants are collaborators and part of the propaganda. As Jehan Helou, president of the Palestinian association IBBY (International Board of Books for Young People) wrote in a letter to the director of Guadalajara’s Book fair: “To have Israel as a guest is to award occupation, colonization and oppression; it is to help a racist state to whitewash its crimes against the Palestinian people. Shimon Peres, the war criminal, together with his delegation of businessmen constitute a black page in the history of culture.” Writers and thinkers with nothing to loose are needed like Aharon Shabtaï, Bertolt Brecht, Louis Aragon, André Breton, Jean-Paul Curnier, Juan Goytisolo, Mahmoud Darwish, Jean-Luc Godard…